La Religión del Espíritu
Hablar de la religión del espíritu, es adentrarse en la transición del miedo a la libertad, de la tradición a la experiencia personal. Es definida no como una institución, sino como la relación directa y privada entre el alma humana y la presencia divina interior. Es una religión que apela a que el espíritu divino de Dios reside en la mente del hombre: el reino del cielo, en el corazón de los hombres. Cuya infinita vida de amor es el espíritu de la religión del espíritu.
Fundamentos clave que definen esta forma de vivir la fe:
1. De la "Religión de Autoridad" a la "Religión de Experiencia"
* Religión de autoridad: Se basa en templos, credos, dogmas, libros sagrados y jerarquías. Es una fe "de segunda mano" que depende de lo que otros dijeron sobre Dios.
* Religión del espíritu: Es una fe "de primera mano". No requiere intermediarios humanos porque se fundamenta en la experiencia personal y el contacto con el "Ajustador del Pensamiento" (la chispa de Dios que habita en la mente).
2. El Fundamento en la Vida de Jesús
Jesús de Nazaret no vino a fundar una religión sobre él, sino a mostrar la religión de él.
* Jesús vivió la religión del espíritu al máximo nivel, demostrando que la fe es una confianza absoluta en la paternidad de Dios y la consecuente hermandad de los hombres. Él enseñó que el reino de los cielos no es un lugar físico ni una organización, sino el estado espiritual de un individuo que reconoce la voluntad de Dios en su vida.
3. La Guía del Espíritu de la Verdad
La religión del espíritu es dinámica, no estática. Se fundamenta en la acción de tres fuerzas espirituales en el hombre:
* El Ajustador del Pensamiento: El fragmento de Dios que nos guía desde dentro.
* El Espíritu de la Verdad: La presencia de Jesús que nos ayuda a interpretar la verdad de forma viviente.
* El Espíritu Santo: La presencia del Espíritu Infinito que nos dota de receptividad espiritual.
La religión del espíritu significa libertad de las cadenas de las supersticiones, pero nunca libertad de las obligaciones de la lealtad a los ideales de la rectitud. (Documento 155).
4. Los Frutos del Espíritu
A diferencia de las religiones tradicionales que juzgan por la observancia de ritos, la religión del espíritu se valida por sus resultados en el carácter.
Un seguidor de esta vía muestra:
* Paz interior y confianza social.
* Amor altruista hacia los demás.
* Progreso moral constante.
* Un deseo genuino de hacer la voluntad del Padre.
5. El Concepto de Progresividad
La religión del espíritu no teme a la ciencia ni al progreso. Al ser una relación viva con la Verdad, es capaz de evolucionar. No se queda estancada en textos antiguos; utiliza la sabiduría del pasado como plataforma, pero siempre mira hacia la revelación progresiva.
La religión del espíritu es la concientización de la filiación divina. Es el paso del "creer que Dios existe" a "conocer a Dios porque vive en mí". Transforma las emociones de mente y cuerpo en las más elevadas lealtades de mente y más satisfactorias experiencias del espíritu. Es la excelsa experiencia de encontrar a Dios por uno mismo en uno mismo, hacer de esto un hecho de experiencia personal. Es una forma de pasar desde la muerte a la vida, desde la autoridad de la tradición a la experiencia de conocer a Dios, que permite pasar de las tinieblas a la luz, de la fe racial heredada a una fe personal alcanzada por la experiencia real, que se construye en el alma como dote eterna.
Es la experiencia de esa fe viviente que es capaz de alcanzar la realidad de Dios. Consiste en la revelación progresiva que llama constantemente a alcance más altos y santos en ideas espirituales y realidades eternas. Plantea la experiencia suprema de encontrar a Dios y conocerle en la propia alma. Hace que los hombres se tornen compasivamente y comprensivos los unos de los otros. Requiere unidad de experiencia, uniformidad de destino, permitiendo plena diversidad de la creencia.
La religión del espíritu no exige uniformidad de puntos de vista intelectuales, tan sólo unidad de sentimientos espirituales. La religión del espíritu crece en el regocijo y libertad en aumento en las acciones ennoblecedoras del servicio amante y ministración misericordiosa.
Aunque las religiones del mundo tienen un doble origen —natural y revelatoria— en cualquier momento y en cualquier pueblo se encuentran tres formas distintas de devoción religiosa. Y estas tres manifestaciones del impulso religioso son:
1. La religión primitiva. El impulso seminatural e instintivo de temer las energías misteriosas y adorar las fuerzas superiores, principalmente una religión de la naturaleza física, la religión del miedo.
2. La religión de la civilización. Los conceptos y prácticas religiosos en avance de las razas en vías de civilización —la religión de la mente— la teología intelectual de la autoridad de una tradición religiosa establecida.
3. La religión de la revelación. La revelación de los valores supernaturales, una visión parcial de las realidades eternas, una diminuta visión de la bondad y belleza del carácter infinito del Padre en el cielo —la religión del espíritu tal como es demostrada en la experiencia humana. (El Libro de Urantia, Documento 155, Sección 5, Pág. 1728).
La diferencia entre la religión de la mente y la religión del espíritu es que, mientras la primera es sostenida por la autoridad eclesiástica, la última es completamente basada en la experiencia humana. ____
La Religión de Autoridad y la Religión del Espíritu
Hasta que las razas se vuelvan altamente inteligentes y más plenamente civilizadas, persistirán muchas de esas ceremonias infantiles y supersticiosas que son tan características de las prácticas religiosas evolucionarias de los pueblos primitivos y atrasados. Hasta que la raza humana progrese al nivel de un reconocimiento más alto y más general de las realidades de la experiencia espiritual, gran número de hombres y mujeres continuarán mostrando una preferencia personal por esas religiones autoritarias que requieren tan sólo consentimiento intelectual, en contraste con la religión del espíritu, que presupone la participación activa de la mente y del alma en la aventura de fe de luchar cuerpo a cuerpo con las realidades rigurosas de la progresiva experiencia humana.
La aceptación de las religiones tradicionales autoritarias presenta el camino más fácil para el impulso humano de buscar la satisfacción de los deseos de su naturaleza espiritual. Las religiones establecidas, cristalizadas y monolíticas de autoridad permiten un refugio inmediato, al que puede acogerse el alma distraída y afligida del hombre, cuando la atormenta el miedo y la aflige la inseguridad. Tal religión requiere de sus devotos, como precio por sus satisfacciones y garantías, sólo un consentimiento pasivo y puramente intelectual.
Por mucho tiempo vivirán en la tierra esos individuos temerosos, miedosos y titubeantes que preferirán asegurarse de esta manera sus consuelos religiosos, aunque, al unirse a las religiones de autoridad, comprometan la soberanía de su personalidad, rebajen la dignidad del autorrespeto y abandonen completamente el derecho a participar en la más conmovedora e inspiradora de todas las experiencias humanas posibles: la búsqueda personal de la verdad, la alegría de enfrentar los peligros del descubrimiento intelectual, la determinación de explorar las realidades de la experiencia religiosa personal, la satisfacción suprema de experimentar el triunfo personal de la comprensión real de la victoria de la fe espiritual sobre las dudas intelectuales, ganada honestamente en la suprema aventura de toda existencia humana —el hombre buscando a Dios, para sí y como tal, y encontrándolo.
La religión del espíritu significa esfuerzo, lucha, conflicto, fe, determinación, amor, lealtad, y progreso. La religión de la mente —la teología de la autoridad— requiere poco o nada de estos esfuerzos de sus creyentes formales. La tradición es un refugio seguro y un camino fácil para esas almas temerosas e indiferentes que instintivamente evitan las luchas espirituales y las incertidumbres mentales asociadas con esos viajes de osada aventura de la fe, a los altos mares de la verdad no explorada, en búsqueda de las orillas más lejanas de las realidades espirituales, como pueden ser descubiertas por la progresiva mente humana y experimentadas por el alma humana en evolución.
Cada raza de la humanidad tiene su propio enfoque mental sobre la existencia humana; por consiguiente, la religión de la mente siempre debe ser fiel a estos varios puntos de vista raciales. Las religiones de autoridad no pueden jamás llegar a la unificación. La unidad humana y la hermandad de los mortales pueden ser alcanzadas tan sólo por la superdote de la religión del espíritu y a través de ésta. Las mentes raciales pueden diferir, pero la humanidad toda está habitada por el mismo espíritu divino y eterno.
La esperanza de la hermandad humana tan sólo puede realizarse cuando y a medida que la ennoblecedora y unificante religión del espíritu —la religión de la experiencia personal espiritual— impregne y eclipse a las religiones mentales de autoridad divergentes. Las religiones de autoridad tan sólo pueden dividir a los hombres y ponerlos en orden de batalla consciente, los unos contra los otros; la religión del espíritu atraerá progresivamente a los hombres unos a los otros y hará que se tornen compasivamente comprensivos los unos de los otros. Las religiones de autoridad requieren de los hombres una uniformidad en la creencia, pero esto es imposible de lograr en el presente estado del mundo. La religión del espíritu requiere tan sólo unidad de experiencia —uniformidad de destino— permitiendo la plena diversidad de la creencia. La religión del espíritu requiere solamente uniformidad de discernimiento, no uniformidad de punto de vista ni de opinión. La religión del espíritu no exige uniformidad de puntos de vista intelectuales, tan sólo unidad de sentimientos espirituales. Las religiones de autoridad se cristalizan en credos sin vida; la religión del espíritu crece en el regocijo y libertad en aumento en las acciones ennoblecedoras de servicio amante y ministración misericordiosa.
Fuente: https://www.urantia.org/es/el-libro-urantia/documento-155-la-huida-por-galilea-del-norte
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