Las ciencias sociales y la antropología
Las ciencias sociales estudian las formas en que los seres humanos organizan su vida en común; cómo producen y reparten recursos, cómo se gobiernan, cómo se relacionan, en qué creen, qué imaginan, qué consideran justo o injusto. Las ciencias sociales se centran en instituciones, prácticas, lenguajes, símbolos y relaciones de poder. No trabajan con “la sociedad” en abstracto, sino con modos concretos de vida: ciudades, pueblos, estados, empresas, familias, iglesias, movimientos sociales.
La antropología se pregunta cómo distintos grupos humanos construyen su mundo; sus cosmovisiones, sus ideas de naturaleza, cuerpo, parentesco, enfermedades, trabajos, tiempo, formas de organizarse, etc. Su herramienta principal es la etnografía. Pasar tiempo con la gente, observar, participar, escuchar y reconstruir desde dentro los significados que organizan la vida cotidiana. Pero la antropología no trabaja sola ni puede agotar por sí misma todos los niveles de lo social; su fuerza está en el cruce con otras ciencias sociales.
La sociología aporta marcos para pensar estructuras e instituciones (clase social, burocracia, estratificación, movimientos colectivos); la historia sitúa los casos etnográficos en procesos de larga duración (colonialismo, reformas agrarias, industrialización, guerras, migraciones); la economía y la economía política permiten entender mercados, trabajo y desigualdad material; la geografía humana analiza territorios, fronteras y redes espaciales; la ciencia política estudia estados, leyes y formas de dominación; la psicología social ayuda a comprender identidades, percepciones y dinámicas de grupo. La antropología se apoya en estos otros saberes para no perder de vista las escalas históricas, económicas y políticas.
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